Su mejor cara de nada ponía la tía nada cuando iba a cagar y le gustaba dejar la puerta abierta para que la vieran en ese momento mágico, como decía ella.
- Pero, ¿qué era lo mágico, mami?, preguntaba su cabra chica.
- Lo mágico, decía la tía nada, era la danza colorida peligrosa del papel confort.
- Pero, ¿qué danza, mami?
- Los contornos blancos forzados a cambiar de color en los tactos de todo lo que es anal, respondía ella.
- ¿Por qué me suena anal, mami?
- Porque tienes un ano, hija.
- No, pero mamá, me suena de otra cosa.
- ¿De qué cosa hija?, preguntó la tía nada.
- El tío pedro, mami, me pidió que le mostrara el ano. Me dijo que le iba a poner música y como a mí me gusta mucho la música, le dije que la pusiera a todo volumen y el tío pedro me mostró los parlantes y el micrófono que venían juntos y me dijo que escogiera un tema, que moviera las perillas, que esto era como un karaoke y me puse a cantar, mami y el tío pedro estaba muy contento, me decía que la de Juan Gabriel era la que mejor me salía, que la cantara de nuevo y me hizo cantarla como tres o cuatro veces hasta que se puso a temblar y me pidió que me alejara, que el micrófono estaba fallando, que siempre saltaban chispas en estos casos y me tuve que tapar los ojos, él decía que en los recitales de verdad la gente cerraba los ojos y veía a diosito nadando en la nada que tenía un color blanco pantano. Dijo que era colafría, que si quería podíamos salir a pegar carteles, que él pertenecía a un grupo de terroristas suburbanos llamados los Bomba-Interferencia y que si quería participar tenía que pegar por lo menos quinientos carteles y para eso había que hacer la colafría. Dije que sí y tocamos alrededor de tres cancioneros completos de Arjona.