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mami, qué absurdo!

Su mejor cara de nada ponía la tía nada cuando iba a cagar y le gustaba dejar la puerta abierta para que la vieran en ese momento mágico, como decía ella.

- Pero, ¿qué era lo mágico, mami?, preguntaba su cabra chica.

- Lo mágico, decía la tía nada, era la danza colorida peligrosa del papel confort.

- Pero, ¿qué danza, mami?

- Los contornos blancos forzados a cambiar de color en los tactos de todo lo que es anal, respondía ella.

- ¿Por qué me suena anal, mami?

- Porque tienes un ano, hija.

- No, pero mamá, me suena de otra cosa.

- ¿De qué cosa hija?, preguntó la tía nada.

- El tío pedro, mami, me pidió que le mostrara el ano. Me dijo que le iba a poner música y como a mí me gusta mucho la música, le dije que la pusiera a todo volumen y el tío pedro me mostró los parlantes y el micrófono que venían juntos y me dijo que escogiera un tema, que moviera las perillas, que esto era como un karaoke y me puse a cantar, mami y el tío pedro estaba muy contento, me decía que la de Juan Gabriel era la que mejor me salía, que la cantara de nuevo y me hizo cantarla como tres o cuatro veces hasta que se puso a temblar y me pidió que me alejara, que el micrófono estaba fallando, que siempre saltaban chispas en estos casos y me tuve que tapar los ojos, él decía que en los recitales de verdad la gente cerraba los ojos y veía a diosito nadando en la nada que tenía un color blanco pantano. Dijo que era colafría, que si quería podíamos salir a pegar carteles, que él pertenecía a un grupo de terroristas suburbanos llamados los Bomba-Interferencia y que si quería participar tenía que pegar por lo menos quinientos carteles y para eso había que hacer la colafría. Dije que sí y tocamos alrededor de tres cancioneros completos de Arjona.

El progreso de la Historia II

A los nueve años Miguel entró en el sótano de la casa de unos tíos en Valparaíso. Hace pocos días el equipo de Pinochet había ganado la Libertadores y Miguel había celebrado con su camiseta de Lada dando vueltas en un auto por la plaza de Quillota. Los interruptores de la luz no funcionaban. No veía nada y tuvo que bajar a tientas, poniendo las manos en la escalera y en las paredes. Lentamente su vista comenzó a acostumbrarse y pudo distinguir muebles, puertas y siluetas. El sótano tenía el aspecto de un bunker, paredes gruesas, estantes llenos de comida enlatada y carteles con letras fluorescentes indicando qué hacer en caso de bombardeo nuclear o desastre natural. Con dificultad logró ver a dos personas sentadas en el suelo. Media hora atrás había estado jugando con sus primos Víctor y Helmut en el patio, pero tuvo que ir al baño, cuando volvió ya no estaban. Se acercó más y vio que eran ellos los que estaban en el suelo. La felicidad y la oscuridad se mezclaban como un fierro caliente en la carne. Miguel no entendía cómo jugar podía tener este tipo de consecuencias. Les preguntó por qué estaban aquí. Una mano helada y tiritona lo invitó a sentarse. Sintió un aire tibio en su oído y un susurro que decía que el silencio y la oscuridad eran obligatorios, que se quedara callado. Por qué están aquí, les preguntó de nuevo. La mano tiritona se apresuró a taparle la boca. Estamos aquí porque la desobediencia se castiga con 30 minutos de sótano. Miguel intentó calcular cuántas cosas se podían aprender en este intensivo de 30 minutos. Odio, miedo y castigo. Pero quién querría enseñar estas cosas, pensaba, quién querría que niños de 9 y 10 años aprendieran a odiar, a tener miedo y a castigar de esa forma. Los padres de Víctor y Helmut. Sintió rabia e impotencia. Estaba decidido a subir a hablar con sus tíos cuando un recuerdo lo detuvo. El papá de sus primos, un alemán venido a menos, que tenía sobre su escritorio libros de arte y arquitectura nazi, había discutido con él hace unas semanas. Miguel siempre se metía en las conversaciones de los adultos y generalmente calentaba los ánimos. Ese día estaban en un almuerzo familiar y escuchó que se hablaba de Pinochet y se lanzó a decir que era un dictador horrible, que había matado a mucha gente y que tendría que estar muerto. El tío nazi se levantó de su silla y dijo que no podía estar con un niño tan mal educado que hablara de esa forma. Estaba enfurecido y las manos le temblaban. Le gritó a Miguel durante unos segundos y se fue. Tienen que salir de aquí, le dijo a sus primos. La carne endurecida mordía el fierro caliente.

- No, Miguel, tú no entiendes, le dijo Víctor.

- ¿Qué es lo que no entiendo?, preguntó Miguel

- Que la desobediencia es el camino al desorden, al caos, sentenció Víctor.

- No seas tonto, dices las mismas cosas que tu papá.

- Mira, Miguel, nuestras familias son muy distintas, no debieras meterte en esto.

- ¿Entonces se van a quedar aquí?, les preguntó Miguel.

- Sí, todavía nos quedan 10 minutos.

Miguel se levantó abatido. Tuvo la sensación de que afuera había sucedido un bombardeo atómico o un diluvio. Se imaginó la realidad de los sentimientos como un desierto espinoso bañado en sangre y fierros. Tomó el teléfono llorando y le dijo a su mamá que lo viniera a buscar.

El progreso de la Historia I

A los nueve años, cuando el equipo de Pinochet ganó la Libertadores y yo celebré con mi polera de Lada en un auto por la plaza de armas de Quillota, entré en el sótano de una casa en Valparaíso. No se veía nada. Con dificultad logré ver a dos primos que estaban en esa pieza. Ni chillaban ni conversaban. Sus manos estaban heladas y apretadas. Les pregunté por qué estaban aquí. No dijeron nada. El silencio y la oscuridad eran obligatorios. La desobediencia era castigada con 15 minutos de sótano. Calculé un aproximado, ¿qué se aprende en 15 minutos una vez por semana? Se aprende a odiar, a tener miedo y lo más importante se aprende a castigar a los que vendrán. Esa de seguro es la mejor de las enseñanzas. Repetir con precisión y superación los castigos de nuestros padres. Claro, en ese sentido sí que progresa la Historia, avanza, se desarrolla.

Los helicópteros

…hasta que llegaron los helicópteros y los helicópteros

se establecieron desde allí hasta siempre

girando y zumbando como tábanos

de acero los helicópteros

girando sobre nuestros cerebros, zumbando sobre nuestros cerebros

que desde allí en adelante

se limitaron a recordar las épocas previas a

los helicópteros

épocas llenas de esperanzas aquellas

épocas que si bien

hasta que llegaron los helicópteros con su ronquido

hasta que llegaron los helicópteros con su zumbido

que se infiltró hasta siempre en

las estructuras cerebrales de las generaciones posteriores a las

nuestras

posteriores a las generaciones anteriores

que intentando llevar a cabo la esperanza

fueron sorprendidos por el ronquido de los

helicópteros

poniéndose término así

a una visión de la vida de la historia y de las cosas

distinta a la llegada de los helicópteros

imponiendo éstos

lo que sería denominado por los historiadores venideros

como el sistema de rodaje de los helicópteros

concéntricos

que no fue otra cosa que el continuo

ir-venir  ir-venir  ir-venir

de los helicópteros en torno a un mismo círculo

bajo el cual

nacieron vivieron y murieron el resto de las generaciones…

[Erick Pohlhammer]

http://www.womenonwaves.org/set-274-es.html

http://www.abortoseguro.com/

http://www.icmer.org/ (Instituto Chileno de Medicina Reproductiva)

¡Anticoncepción hormonal masculina, ahora!

Nota de la Mona: Tres páginas confiables para que hombres y mujeres se informen sobre las posibilidades de una sexualidad auto-conciente y compartida.

“Lo más importante que se debe saber en relación a estar con una pareja es cómo estar con uno mismo. Es absolutamente necesario tener una vida sexual privada para llevar una vida sexual satisfactoria con una pareja. En primer lugar, uno necesita tener un conocimiento exacto de cómo funciona la energía en su propio cuerpo, y es muy difícil aprender esto si hay que tomar en cuenta a otra persona al mismo tiempo. La terapia sexual le enseña a la gente a masturbarse, a conocer su propio cuerpo.

En segundo lugar, hacerse el amor exitosamente, aprender que podemos llegar al éxtasis solos y también con una pareja, es un descubrimiento muy poderoso. La mayoría de nosotros estamos a la espera de un príncipe encantado o una princesa encantada que venga, nos bese los labios y nos despierte de nuestro adormecimiento emocional y físico para así convertirnos en los seres vitales y apasionados que sabemos que realmente somos. Por desgracia, no funciona de esa manera. Nos transformamos en seres apasionados excitándonos a nosotros mismos, abriendo nuestra sexualidad por nuestra propia cuenta, revirtiendo el condicionamiento que la cerró en un principio. Y entonces cuando nuestra energía está fluyendo, cuando sabemos cómo funciona nuestro propio cuerpo, estamos listos para una pareja.”

[Margo Woods - El amor a sí mismo - Editorial Cuatro Vientos]

Nota de la Cebra: La reeducación de nuestros sentidos, de nuestros instintos, de nuestros pensamientos y de nuestras prácticas debe incluir cada uno de los ámbitos de nuestra vida en relación con nosotros mismos y con los demás. ¿Por qué descuidar o dejar que algunos aspectos sigan gobernados por el sentido común capitalista? Una de las herramientas poderosas del capitalismo es la ignorancia; oscurecernos, intelectual y materialmente, la potencialidad de liberarnos y de hacernos autoconcientes.

“La rebelión contra esa influencia natural de la sociedad es mucho más difícil para el individuo que la rebelión contra la sociedad oficialmente organizada, contra el Estado, aunque a menudo sea tan inevitable como esta última. La tiranía social, a menudo aplastadora y funesta, no presenta ese carácter de violencia imperativa, de despotismo legalizado y formal que distingue a la autoridad del Estado. No se impone como una ley a la que todo individuo está forzado a someterse bajo pena de incurrir en un castigo jurídico. Su acción es más suave, más insinuante, más imperceptible, pero mucho más poderosa que la de la autoridad del Estado. Domina a los hombres y mujeres por los hábitos, por las costumbres, por la masa de los sentimientos y de los prejuicios tanto de la vida material como del espíritu y del corazón, y que constituye lo que llamamos la opinión pública. Envuelve al hombre y a la mujer desde su nacimiento, los traspasa, los penetra, y forma la base misma de su existencia individual; de suerte que cada uno no es en cierto modo más que el cómplice contra sí mismo, más o menos, y muy a menudo sin darse cuenta siquiera. Resulta que para rebelarse contra esa influencia que la sociedad ejerce naturalmente sobre ellos, el hombre y la mujer deben rebelarse, al menos en parte, contra sí mismos, porque con todas sus tendencias y aspiraciones materiales, intelectuales y morales, no son nada más que el producto de la sociedad. De ahí ese poder inmenso ejercido por la sociedad sobre hombres y mujeres.”

[Mijail Bakunin – Dios y el Estado (página 92) – Colección Utopía Libertaria – Descarga este y otros libros en:  http://www.quijotelibros.com.ar/anarres.htm]

Nota de la Jirafa: Cualquier pensamiento crítico y revolucionario tiene que ser discutido, argumentado, removido en sus cimientos para sembrarse. Cualquier intento por hacer del pensamiento crítico un dogma que da respuestas a todos y cada uno de los espacios de nuestra experiencia es un intento muerto, fallido, sacerdotal, reduccionista. El pensamiento crítico debe poder estimular nuestras ideas y dar vigor a nuestras prácticas.

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